Evaluación de Impacto en Protección de Datos
Cuando se habla de Evaluación de Impacto en Protección de Datos (EIPD), muchas organizaciones piensan en un trámite pesado del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD). A menudo se percibe como un requisito formal, cuando en realidad su función es mucho más práctica: ayudar a tomar mejores decisiones, identificar y reducir riesgos reales y diseñar tratamientos de datos más responsables desde el principio.
¿Cuándo es necesaria una EIPD?
El RGPD establece que debe realizarse una EIPD cuando sea probable que un tratamiento entrañe un alto riesgo para los derechos y libertades de las personas. Este riesgo no depende solo de si los datos son “sensibles”, sino de un conjunto de factores: la escala, la tecnología utilizada, el contexto y los efectos que puede producir.
Para ayudar a los responsables del tratamiento a entender este concepto, la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) tiene publicada una lista orientativa de tratamientos que normalmente requieren de una EIPD. Entre ellos se encuentran, por ejemplo, los tratamientos que implican perfilado, decisiones automatizadas con efectos significativos, observación sistemática de personas, uso de datos biométricos, tratamientos a gran escala, datos de colectivos vulnerables o el uso de nuevas tecnologías de forma innovadora.
La EIPD no es un análisis de cumplimiento:
Uno de los errores más habituales es confundir la EIPD con una auditoría legal o un checklist de cumplimiento. La propia AEPD aclara que una EIPD no evalúa el riesgo legal para la empresa, sino el impacto real sobre las personas y la sociedad. La pregunta ya no es solo “¿cumplo el RGPD?”, sino:
“¿qué consecuencias tendría para los derechos y libertades de las personas?” “¿es realmente necesario tratar estos datos de esta forma?”.
Teniendo esto en cuenta es importante tener en cuenta que una EIPD debe realizarse desde la fase de diseño del tratamiento, cuando aún es posible ajustar procesos, tecnologías y decisiones estratégicas.
En este sentido, hay que partir del punto de que el riesgo cero no existe. Todo tratamiento de datos personales conlleva un riesgo inherente. El objetivo de la EIPD no es eliminarlo por completo, sino reducirlo hasta un nivel aceptable, aplicando medidas técnicas, organizativas y jurídicas adecuadas.
Por tanto, la EIPD es una herramienta de responsabilidad proactiva. Obliga a las organizaciones a justificar sus decisiones, a documentar por qué un tratamiento es necesario y a demostrar que se han tomado en serio los derechos de las personas.




